Informe Especial
El extraño contraste Alejandro Apo y Nelson Castro .
Sabiamente decía días atrás un veterano de este oficio-profesión que “el 99% de los trabajadores de prensa–periodistas somos absolutos desconocidos que debemos cargar con la imagen que generan de nuestro trabajo, el 1% que conforman el Olimpo mediático”.

"La sentencia venía a cuento del debatido caso del despido de Nelson Castro de una reconocida emisora porteña, despido que generó una escalada de solidaridades mediáticas “famosas” con fuertes lazos desde y hacia los radioescuchas del propio Nelson y algunos que no lo eran pero coincidían en denunciar la “censura” que había sufrido el conductor.
La contracara fueron, son, los despidos y persecuciones gremiales en el Grupo Clarín, y en el diario El Cronista que como anteriormente (y siempre) había sucedido con el conflicto gremial en Perfil nunca gozan ni de la solidaridad de los famosos (a veces hasta los boicotean) ni mucho menos de difusión en los grandes medios.
Pero más paradójico es el caso del comentarista de Radio Continental, Alejandro Apo, quien a pesar de formar parte de ese privilegiado 1% no logró concitar la solidaridad de sus pares famosos –apenas un culposo comentario de Víctor Hugo Morales en su programa deportivo– en torno a su despido “por razones económicas” por parte del poderoso Grupo Prisa, propietario de esa emisora y muchos otros medios en América y Europa.
Haga el lector el esfuerzo de poner en el buscador el nombre de “Apo” haciendo clic en “noticias” y encontrará apenas una docena de menciones, más difícil aún encontrar una mención al caso en la TV. En la comparación con “Castro”, y utilizando una metáfora futbolera tan cara al barbado periodista, está claro que pierde por goleada. Castro ganó, incluso -seguro que por mérito propio que evidentemente no debe tener Apo- que la lo invitaran al piso de Continental para denunciar, pública y a viva voz, la "censura" a la que había sido sometido porque la radio en la que trabajaba decidió rescindirle el contrato pagándole hasta el último centavo que estipulaba el mismo.
De nada sirve especular con que –como pregonan desde sectores aliados al oficialismo– a Apo lo echaron por su claro posicionamiento a favor del proyecto de Ley de Medios Audiovisuales o por no mostrarse a tono con el resto de los periodistas (y oyentes, al menos los que llaman) de la radio que exhibe un furioso anti kirchnerismo.
Prisa tiene plenos derechos a echar a uno de sus empleados siempre y cuando lo haga en el marco de la ley, claro que el mismo derecho que tiene por caso Electro-ingeniería de hacerlo con los suyos en Del Plata.
Lo que debería llamar a la reflexión de los argentinos es la actitud diferencial para con Apo respecto a Castro de muchas queridas figuras del privilegiado circuito mediático híper-famoso, aquel 1% que mencionábamos al principio.
La democracia actual exige no solo aprender a votar –como está claro han aprendido a hacerlo muchos argentinos quienes pese a los agoreros pronósticos de fraude y de voto “clientelar” saben ejercer sus derechos sin distinción de clases sociales- sino también aprender a “leer” como funcionan los medios y sobre todos sus rostros humanos, que son los que generan los lazos con la “gente”.
“Las apariencias engañan” decían los abuelos sin haber conocido las estrellas periodísticas actuales. Desde acá nuestra pequeña pero firme solidaridad con Alejandro Apo, un trabajador “famoso”. Aunque a juzgar por la reacción de sus pares, por lo visto, no tanto.
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